... HURTFEW ABBEY

28/10/09

Como invocar al Rey Cuervo


La magia será escrita en el firmamento por la lluvia,
pero ellos no sabrán leerla.
La magia será escrita en las caras de las colinas rocosas,
pero ellos no sabrán leerla.
En invierno, los árboles desnudos serán los signos de una escritura negra,
pero ellos no la entenderán.
Yo estoy sentado en un negro trono en las sombras,
pero ellos no me verán

La lluvia abrió una puerta para mí y yo la cruzé.
Las piedras hicieron para mi un trono y yo me senté en él.
Tres reinos me fueron dados para siempre.
Inglaterra me fue dada para siempre.


"Jonathan Strange y el señor Norrell" Susanna Clarke, 2004  

Las Cinco Familias



Ya ha pasado la hora de las pistolas y los asesinatos. Debemos ser astutos como los demás hombres de negocios, y ello repercutirá en beneficio de nuestros hijos y de los hijos de nuestros hijos. No tenemos obligación alguna con respecto a los pezzonovante que se consideran a sí mismos como rectores del país, que pretenden dirigir nuestras vidas, que declaran las guerras y nos dicen que luchemos por el país. Porque, en realidad, lo que quieren es defender sus intereses personales. ¿Por qué debemos obedecer unas leyes dictadas por ellos, para su propio beneficio y en perjuicio nuestro? Y ¿con qué derecho se inmiscuyen cuando pretendemos proteger nuestros intereses? Nuestros intereses son “cosa nostra”. Nuestro mundo es cosa nostra, y por eso queremos ser nosotros quienes lo rijan. Por lo tanto, debemos mantenernos unidos, pues es el único modo de evitar interferencias, o de lo contrario nos dominarán, como dominan ya a millones de napolitanos y demás italianos de este país. 

Por esta razón resuelvo no vengar la muerte de mi hijo. El bien común es lo primero. Juro que mientras yo sea el jefe de la Familia Corleone, ninguno de los míos levantará un solo dedo contra ninguna de las demás: Tattaglia, Barzini, Cuneo y Strazzi, salvo que la provocación sea intolerable.


"El Padrino" Mario Puzo, 1969

25/10/09

Hombres necios


Hombres necios que acusáis
a la mujer, sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis;

si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?

Combatís su resistencia
y luego, con gravedad,
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.

Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco,
al niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.

Queréis, con presunción necia,
hallar a la que buscáis
para prentendida, Thais,
y en la posesión, Lucrecia.

¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?

Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.

Opinión, ninguna gana,
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata,
y si os admite, es liviana.

Siempre tan necios andáis
que, con desigual nivel,
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.

¿Pues como ha de estar templada
la que vuestro amor pretende?,
¿si la que es ingrata ofende,
y la que es fácil enfada?

Mas, entre el enfado y la pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y quejaos en hora buena.

Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.

¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada,
o el que ruega de caído?

¿O cuál es de más culpar,
aunque cualquiera mal haga;
la que peca por la paga
o el que paga por pecar?

¿Pues, para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.

Dejad de solicitar,
y después, con más razón,
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.

Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.


Sor Juana Inés de la Cruz, "El fénix de las Américas" (1651-1695)


24/10/09

Como sobrevivir a un cuento de hadas


Toca la puerta de madera que ves en el muro y que nunca habías visto antes.
Di "por favor" antes de abrir el pestillo,
entra, baja por el sendero.
La puerta está pintada de verde
Tiene una aldaba, un diablillo rojo
No lo toques, te morderá los dedos.
Atraviesa la casa.
No cojas nada. No comas nada.
No obstante, si alguna criatura te dice que tiene hambre, aliméntala.
Si te dice que está sucia, lávala.
Si grita que le duele, si puedes, alivia su dolor.

Desde el jardín trasero podrás ver el bosque salvaje.
Pasarás frente a un pozo muy hondo que conduce al reino del Invierno;
Hay otro país distinto allí al fondo.
Si te das la vuelta aquí,
podrás volver atrás, a salvo;
no será ningún desdoro.
No pensaré mal de tí.

Una vez hayas atravesado el jardín entrarás en el bosque.
Los árboles son viejos.
Hay ojos escudriñando desde la maleza.
Bajo un roble retorcido se sienta una anciana.
Quizás te pida algo; dáselo.
Ella te indicará el camino al castillo.
En él hay tres princesas.
No te fíes de la más joven.
Sigue adelante.
En el claro tras el castillo los doce meses del año 
están sentados junto a una hoguera, calentando sus pies,
intercambiando cuentos.
Tal vez te concedan sus favores, si eres amable.
Tal vez podrás coger fresas en la escarcha de Diciembre.

Confía en los lobos, pero no les digas dónde vas.
Podrás cruzar el río en el transbordador.
El patrón te llevará.
(La respuesta a su pregunta es esta:
"Si pasa el remo a su pasajero, será libre de abandonar el barco"
Asegurate de estar lejos antes de decirselo.)

Si un águila te da una pluma, guárdala bien.
Recuerda: los gigantes tienen un sueño muy pesado;
las brujas son a menudo traicionadas por sus apetitos;
los dragones siempre tienen un punto débil, en alguna parte;
los corazones pueden esconderse bien y tu lengua podría delatarlos.

No tengas celos de tu hermana:
las rosas y los diamantes son tan incomodos al salir de tu boca 
como los sapos y las culebras.
Más fríos, además, y más afilados, y cortan.
Recuerda tu nombre.
No pierdas la esperanza. Aquello que buscas lo encontrarás.

Confía en los fantasmas. Confía en aquellos a los que has ayudado,
pues te ayudarán a su vez.
Confía en los sueños.
Confía en tu corazón y confía en tu historia.
Cuando regreses, vuelve por el mismo camino por el que te fuiste.
Los favores serán devueltos, las deudas pagadas.
No olvides tus modales.
No mires atrás.
Cabalga sobre el águila sabia (no te caerás)
Cabalga sobre el pez plateado (no te ahogarás)
Cabalga sobre el lobo gris (agarrate fuerte a su pelaje)

Hay un gusano en el corazón de la torre; es por eso que no aguantará en pie.
Cuando llegues a la casitadonde comenzó tu viaje,
la reconocerás,
aunque te parecerá mucho más pequeña de lo que recordabas.
Sube por el sendero, y atraviesa la puerta del jardín,
la que nunca viste antes, solo una vez.
Y entonces vuelve al hogar.
O construye uno nuevo.
O descansa.


"Instructions" Neil Gaiman, 2010

The Catcher in the Rye



Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan a él. En cuanto empiezan a correr sin mirar adonde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno. Te parecerá una tontería, pero es lo único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura.



 "El guardián entre el centeno" J.D Salinger, 1951


21/10/09

Todos para uno. Uno para todos


12 a.m, tapia de los Carmelitos Descalzos, Vaugirard, París, 1630

¡Ah! – exclamó Porthos, ¿Pero que es esto?
-Éste es el señor con quien me bato- dijo Athos señalando con la mano a D’Artagnan.
-Con él me bato también yo- dijo Porthos.
-Pero a la una- respondió D’Artagnan.
-Y también yo me bato con este señor- dijo Aramis, llegando a su vez al lugar.
-Pero a las dos- dijo D’Artagnan con la misma calma.
-¿Se puede saber por qué te bates tú, Athos?
-A fe que no lo se demasiado, me dañó el hombro. ¿Y tú, Porthos?
-A fe que me bato porque me bato- respondió Porthos enrojeciendo.
Athos, que no se perdía una, vio pasar una fina sonrisa por los labios del gascón.
-Hemos tenido una discusión sobre indumentarias- dijo el joven.
-¿Y tu, Aramis?
-Yo me bato por teología…-respondió Aramis haciendo al mismo tiempo una seña a D’Artagnan con la que rogaba tener en secreto la causa del duelo. Athos vio pasar una segunda sonrisa por los labios de D’Artagnan.
-Si, claro, un punto de San Agustín sobre el que no estamos de acuerdo- dijo el gascón.- Y ahora que estáis juntos, señores, permitidme que os presente mis excusas
A la palabra “excusas”, una nube pasó por la frente de Athos, una sonrisa altanera por la de Porthos, y una señal negativa fue la respuesta de Aramis.
-No me comprendéis, señores- dijo D’Artagnan levantando la cabeza-: os pido excusas en caso de que no pueda pagaros mi deuda a los tres, porque el señor Athos tiene derecho a matarme primero, lo cual quita mucho valor a vuestra deuda, señor Porthos, y hace casi nula la vuestra, señor Aramis. Y ahora, señores, os lo repito, excusadme, ¡y en guardia!


"Los Tres Mosqueteros" Alexandre Dumas, 1844

Cthulhu R'lyeh wgah'nagl fhtagn


Cuando imagino el tamaño de todo lo que puede esconder el fondo del océano, siento deseos de morir sin esperar ya más. He contemplado todo lo que en el universo puede haber de horroroso, y aun los cielos de la primavera y las flores del verano me parecerán desde ahora impregnados de veneno. Pero no creo que viva mucho. Conozco demasiado y el culto todavía existe. 

Cthulhu existe también, supongo, en ese refugio de piedra que le sirve de abrigo desde que el sol era joven. R'lyeh, su ciudad maldita, se ha hundido otra vez, pues el Vigilant navegó por aquel lugar después de la tormenta de abril; pero sus ministros en la Tierra bailan aún, y cantan y matan en lugares aislados, alrededor de monolitos de piedra coronados de imágenes. Cthulhu tuvo que haber sido atrapado por los abismos submarinos pues si no el mundo gritaría ahora de horror. ¿Quién conoce el fin? Lo que ha surgido ahora puede hundirse y lo que se ha hundido puede surgir. La abominación espera y sueña en las profundidades del mar, y sobre las vacilantes ciudades de los hombres flota la destrucción. Llegará el día... ¡pero no debo ni puedo pensarlo! Ruego que si no sobrevivo a este manuscrito, mis ejecutores testamentarios cuiden de que la prudencia sea mayor que la audacia e impidan que caiga bajo otros ojos.


"La llamada de Cthulhu" H.P.Lovecraft, 1926

20/10/09

Juramento de la Guardia de Noche


La noches se avecina, 
ahora comienza mi guardia. 
No terminará hasta 
el día de mi muerte. 
No tomaré esposa, no poseeré tierras, no engendraré hijos. 
No llevaré corona, 
no alcanzaré la gloria, 
viviré y moriré en mi puesto. 
Soy el espada en la oscuridad, 
el vigilante del Muro.
Soy el fuego que arde 
contra el frío, la luz que trae el amancer, el cuerno que despierta a los durmientes, el escudo que defiende a los reinos de los hombres.
Entrego mi honor y mi vida a la Guardia de la Noche, durante esta noche y todas las que estén por venir.


Night gathers, 
and now my watch begins. 
It shall not end until my death. 
I shall take no wife, hold no lands, father no children. 
I shall wear no crowns 
and win no glory. 
I shall live and die at my post. 
I am the sword in the darkness. 
I am the watcher on the walls.
I am the fire that burns 
against the cold, 
the light that brings the dawn,
the horn that wakes the sleepers,
the shield that guards 
the realms of men.
I pledge my life and honor to the Night's Watch, for this night and all the nights to come.




"Juego de Tronos" Canción de Fuego y Hielo I. George R.R.Martin

9/10/09

Las palabras


Todo lo que usted quiera, si señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan... Me prosterno ante ellas... Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito... Amo tanto las palabras... Las inesperadas... Las que glotonamente se esperan, se escuchan, hasta que de pronto caen... Vocablos amados... Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío... Persigo algunas palabras... Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema... Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas... Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto... Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola... Todo está en la palabra... Una idea entera se cambia porque una palabra se transladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció... 

Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces... Son antiquísimas y recientísimas... Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada... Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos... Estos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo... Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas... Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra... Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes... el idioma. Salimos perdiendo... Salimos ganando... Se llevaron el oro y nos dejaron el oro... Se lo llevaron todo y nos dejaron todo... Nos dejaron las palabras.



"Confieso que he vivido" Pablo Neruda, 1974.